La investigación que desarrolla Ditecpesa, filial de Ferrovial, pivota en torno a la economía circular: pavimentos con nanotecnología que duren más tiempo, que se puedan reutilizar con aditivos químicos rejuvenecedores o modificar con polietileno de plástico reciclado o polvo de neumático para reciclarlos.

Una de las cosas más importantes cuando una persona va al volante es la seguridad, algo que depende en gran medida del vehículo que se conduce y el estado de los neumáticos, pero también del estado de la carretera por la que se circula, concretamente de la calidad del asfalto. Ante una frenada de emergencia, además de desear que el ABS funcione bien, el pavimento tiene que agarrar al neumático como un imán.

Si además hay lluvia de por medio, el firme adquiere un protagonismo especial: si no tiene macrotextura o huecos suficientes no drena, lo que genera una cortina de agua –la carretera se convierte en una especie de espejo– que impide una buena visibilidad, lo  que aumenta la posibilidad de sufrir un accidente. Este aspecto tiene mayor relevancia ante temperaturas invernales o en zonas costeras con climas cálidos y una humedad  salinidad ambiental muy altas: el hielo, la sal y el agua erosionan las carreteras, ya que atacan sus ingredientes. ¿De qué se compone el firme? Básicamente de áridos sueltos piedras de distintos tamaños) y betún asfáltico, que funciona como pegamento.

Cuando se echa sal sobre el hielo para derretirlo, el pavimento sufre un ataque químico importante, el pegamento se debilita y se desprenden las piedras.

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