La industria cementera española se enfrenta a la cuadratura de un complejo círculo: afrontar voluminosas inversiones para que las fábricas sean menos contaminantes, hacerlo con la crisis económica apretando y, además, teniendo que competir con terceros países que venden cemento mucho más barato porque, entre otras cosas, no tienen que cumplir las exigencias medioambientales de Europa.

España tiene 33 fábricas de cemento, pertenecientes a nueve grupos empresariales, de las que dependen 12.000 empleos, entre directos e indirectos.

Los fabricantes han asumido el reto de la sostenibilidad, mientras las autoridades europeas les empujan con una normativa cada vez más exigente y en un contexto económico complicado. El sector de la construcción ha vuelto a desplomarse por la crisis del Covid cuando aún no había curado las heridas de la recesión de 2008.

Seguir leyendo esta noticia en el diario ABC , por Roberto Pérez